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Por los chicos

Abdullah Bin Abdulaziz al- Saud
Rey saudita (2005 - )
Ultima Actualización: 08-02-2005
( 1923  -   )

Con la muerte del rey Fahd, el 1 de agosto de 2005, asumió al trono el hasta entonces príncipe heredero, Abdullah Bin Abdulaziz al-Saud, quien ya llevaba diez años dirigiendo las cuestiones del Estado saudita, por la enfermedad del monarca. Abdullah supo introducir -sin llegar a violentas oposiciones- reformas económicas y sociales que han hecho progresar a Arabia Saudita en poco tiempo. Baste un dato: la bolsa de Riyad ha conseguido un incremento del 300% en los dos últimos ejercicios. Es una figura respetada por todos, pese a haberse enfrentado a los radicales islamistas y a la propia familia real. "Abdallah es el personaje más aceptado por los detractores de la familia real saudita", afirman fuentes diplomáticas occidentales.

Todo en el nuevo rey saudita es complejo y de múltiples caras. Desde hace diez años es la imagen pública del país, pero no tiene ansias de protagonismo público como su antecesor. Su vida personal parece discreta y pausada, pese a haberse casado más de 30 veces y mantener las cuatro mujeres que le permite la ley musulmana. Entre ellas las hay sirias, palestinas e incluso marroquíes, país este último donde Abdullah pasa un mes al año dedicado a su mayor afición, la caza. Habla con suavidad y parece dialogante, aunque mantiene con firmeza sus puntos de vista y es capaz de duros enfrentamientos públicos como el que mantuvo con el líder líbio, Muammar Khadafy, en la cumbre árabe de Egipto tras la invasión norteamericana de Irak.

Esta combinación de carisma y dureza le permitió el mayor éxito en algunos de sus anteriores cometidos. Por ejemplo, como alcalde de La Meca, la principal ciudad santa para los musulmanes. O como máximo responsable de la Guardia Nacional, considerada la mejor y más leal fuerza armada del reino, siempre fiel a él y que dirigió desde 1963 hasta ser nombrado príncipe heredero en 1982 y a la que convirtió de un grupo casi folklórico en una potente unidad militar de 75.000 hombres fuertemente equipada.

No todo, sin embargo, le favorece. Tiene casi 82 años -nació en 1923, un año después del fallecido Fahd, hermanastro suyo; fue el decimotercer hijo de los 42 que tuvo el creador de la moderna Arabia Saudita, Abdulaziz- y aunque su salud aparentemente es buena, sufrió un infarto en 1995. No cuenta con el aprecio de gran parte de la familia real (cercana a los 7.000 miembros) a la que ha restringido privilegios como billetes de avión y llamadas telefónicas gratuitas de las que se beneficiaban. Y, sobre todo, no es tan amigo de los Estados Unidos como lo fue el rey Fahd. Según la leyenda, Abdullah suele explicar a sus visitantes occidentales una fábula que simboliza claramente su situación personal y la de su reino frente a los intereses estratégicos norteamericanos. Es la del pastor que alquila perros para que eviten que los lobos se coman a sus ovejas, pero son tan caros de mantener que necesita sacrificar algunas de las ovejas para darles de comer. Finalmente, el pastor decide dejar libres a los perros y encargarse él mismo de enfrentarse a los lobos. Pese al evidente enfriamiento de las relaciones entre Arabia Saudita y los Estados Unidos -agravadas por el hecho de que 15 de los 19 terroristas suicidas de los atentados del 11 de septiembre eran sauditas-, ni EE. UU. dejará de respaldarlo ni Abdullah acabará exigiendo que salga del país.

Esta dependencia de Occidente tiene, no obstante, para Arabia Saudita un aspecto muy positivo: el constante flujo económico que se dirige hacia este país. Desde que Abdullah ejerce de regente, llevando el día a día del reino, las privatizaciones, reformas del mercado y los incentivos a las inversiones han acelerado no sólo la vida económica de un país donde hasta ahora era norma el rígido control estatal de la economía, sino también han propiciado cambios como la tímida, aunque ya irreversible, entrada de las mujeres en la vida política. Habitual mediador en los conflictos entre países árabes, decidido partidario de dar juego a las empresas occidentales en el petróleo saudita, ecléctico ante la cuestión palestino-israelí (pidió en el 2002 a los países árabes que se prepararan para normalizar las relaciones con Israel si este país regresa a sus fronteras de 1967), la falta de tiempo vital y la lentitud con las que se asientan los cambios son los escollos que lo ponen en peligro.

Fuente: Xavier Ventura.

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