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Por los Chicos

Petra: una visita imperdible a la ciudad de las piedras de Jordania

El nombre clásico de Petra y el anterior de Sela significan la misma cosa: roca. Y ciertamente ninguna ciudad en el mundo fue bautizada tan acertadamente. Petra es una reliquia arquitectónica esculpida en una monumental formación geológica, en el sudoeste de Jordania, al sur del Mar Muerto. Antigua capital de los nabateos, Petra fue proclamada por la Unesco, en 1985, patrimonio de la humanidad.

Por Ricardo López Dusil

 
Una ciudad esculpida en la montaña.

Petra es el mayor atractivo turístico de Jordania. Situada entre el Mar Muerto y el golfo de Aqaba, se desarrolló gracias a una ubicación privilegiada: en el cruce de importantes rutas de caravanas trazadas desde Gaza, en el Mediterráneo, Damasco y el Golfo Pérsico. Por allí transitaban los caravaneros tras interminables jornadas de sed recorriendo las rutas de la seda, el sándalo, la mirra, las especias, las piedras preciosas y el oro.

Se cree que los nabateos (que significa recolectores de agua) integraban una tribu árabe errante que aprovechó el control del lugar para atacar las caravanas que pasaban por la zona. Posteriormente, abandonaron el pillaje e iniciaron un negocio mejor: cobrarles peaje a los comerciantes que cruzaran sus tierras, garantizándoles la seguridad en la región y proveyéndolos de agua y descanso. Ese intercambio no sólo fue crucial para desarrollar la economía sino para incorporar valiosos conocimientos de los viajeros. Ello les permitió a los nabateos adoptar un estilo arquitectónico propio, pero con fuertes influencias asirias y griegas.

Los romanos conquistaron Petra en el 106 d.C. y la incorporaron a la provincia romana de Arabia Petraea. La ciudad continuó prosperando en los siglos II y III, pero después, cuando la ciudad rival de Palmira le arrebató la mayor parte del comercio, la importancia de Petra declinó. Fue conquistada por los musulmanes en el siglo VII y capturada por los cruzados en el siglo XII; luego, paulatinamente, la ciudad acabó por convertirse en ruinas.

Durante siglos la memoria de la gran ciudad quedó sepultada en el olvido, y su nombre se convirtió en una leyenda de misterio. Numerosos exploradores, fascinados por los relatos, intentaron en vano encontrar sus glorias legendarias, pero la inaccesibilidad absoluta de la firmeza rocosa y la rusticidad de los pocos habitantes de la región no les permitió desentrañar el secreto de su entrada. Misterioso y huidizo, el secreto excitó la imaginación de los primeros viajeros, hasta que finalmente, en 1812, el explorador suizo Johann Burckhardt tuvo éxito y traspasó el velo. El fue el primer europeo en descubrir la gloria perdida de Petra, o, por lo menos, el primero en volver y hablar ante un mundo sorprendido de los 800 increíbles monumentos tallados en arenisca de color rosado.

A Petra, la fortaleza impenetrable, notable tanto por su gran belleza natural como por la magnificencia de sus monumentos, se accede por el siq, una grieta en la montaña, una oscura garganta estrecha y larga, cuyas paredes empinadas ocultan el sol. En algunos lugares la grieta tiene un ancho que apenas llega a los 3,70 metros. Ese pasadizo fue el que convirtió el lugar en una fortaleza prácticamente impenetrable.

El acercamiento a través de la fresca oscuridad del siq proporciona un dramático contraste con la magia por venir. De repente la garganta se abre en un cuadrado natural dominado por el más famoso monumento de Petra, El-Khazneh (la tesorería), cuya fachada, intrincadamente tallada en la roca, brilla bajo el sol deslumbrador. Más fachadas de la antiquísima ciudad llaman la atención del visitante gradualmente y un monumento lleva al próximo, kilómetro tras kilómetro. La empinada altura de la ciudad y la calidad de las fachadas bellamente talladas causan asombro y llevan a reflexionar sobre la creatividad y laboriosidad de los nabateos.

También sobreviven los restos de un teatro semicircular con una capacidad para unos 3.000 espectadores sentados. A lo largo de las colinas que dominan el valle hay filas de tumbas excavadas en piedra rosa.

Petra es un lugar encantador que cautiva y excita los sentidos. Su asombrosa construcción, ricas texturas y su estupendo ambiente crean una atmósfera casi imposible de describir. Descendiendo a través de Wadi Musa, cuando uno empieza a entrar en el valle nota el cambio en la geología del paisaje. Gradualmente las rocas y laderas de alrededor toman formas extrañas y distintivas, mostrando una amplia gama de rojos, ocres, amarillos, azules y negros. La ciudad está situada en medio de este monstruo geológico de la naturaleza, de más de 200 kilómetros cuadrados de superficie. 

Los terremotos, los cursos de agua, el viento, la lluvia y el tiempo han formado sobre la suave arenisca un paisaje de fantasía donde las formaciones de piedra de repente tomaron la forma de gargantas abruptas, desfiladeros estrechos y hendiduras profundas. 

De alguna manera la contribución del hombre es aún más notable que el fenómeno natural. Con la riqueza que les dejaba el comercio, los nabateos adornaron la ciudad con palacios, templos y arcos. Muchas de sus monumentales construcciones han desaparecido, pero muchas otras, talladas en la piedra, como la tesorería, las tumbas monumentales y el lugar de sacrificio, todavía hoy permanecen en tal estado de perfección que el visitante siente que ha entrado en el pasado. 

Petra y los nuevos invasores
Hoy no son ni las fuerzas de la naturaleza ni el Imperio Romano los que hacen temblar a Petra y a los enamorados de este sitio. Son las legiones de turistas que la visitan: su número pasó de 100.000 a fines de los años ochenta a unos 400.000 actualmente. Las recientes tensiones regionales provocadas por el conflicto con Irak y la interrupción del proceso de paz han disuadido momentáneamente a los turistas –en particular israelíes y norteamericanos- de visitar algunos países del Medio Oriente.

Frente a la afluencia de visitantes y al crecimiento anárquico de Wadi Musa, la entonces reina Noor de Jordania dio la voz de alarma desde comienzos de los años noventa. Recurrió a la Unesco, que envió una misión de expertos a Petra en 1992. El resultado fue el Plan de Gestión del Parque Nacional de Petra, un impresionante catálogo de medidas que van desde la conservación y la restauración de los monumentos, la habilitación del sitio, la mejora de las infraestructuras y el alojamiento de los 25.000 habitantes de la región, hasta la protección del medio ambiente.

De conformidad con sus recomendaciones, en 1995 las autoridades jordanas crearon el PRPC, un organismo de coordinación que agrupa todos los servicios que deben intervenir. Financiado con una deducción del 25% de los ingresos generados por el sitio, le incumbe examinar y dar su visto bueno a todas las actividades que afecten a éste.

De todos modos, la presión turística, sector que proporciona cerca de mil millones de dólares al año y representa 17.500 puestos de trabajo, ha conducido a una sobreexplotación del lugar por momentos perjudicial.

Hasta ahora no se ha cometido ningún acto de extrema gravedad en Petra y la promesa de mayores ingresos turísticos ha sido un estímulo para que se adopten algunas disposiciones indispensables. En 1996 se estableció con ayuda del Banco Mundial un plan de acción prioritario de 27 millones de dólares. Esto permitió, entre otras cosas, iniciar obras de saneamiento, ya que los desechos y aguas servidas solían arrojarse en cualquier parte sin respeto por el medio ambiente.

Las terrazas de la época nabatea comienzan a restaurarse y se ha limpiado el lecho de los ued, cursos de agua artificiales elaborados para llevar riego al lugar. Una vez concluidas las obras hidráulicas, las autoridades renovarán la red de carreteras, en especial en el centro de Wadi Musa, congestionado por los autobuses y los taxis.

Se están plantando olivos y pinos, a fin de atajar la desertificación. Esta reforestación "permitirá absorber el agua cuando se produzcan lluvias torrenciales y embellecerá el lugar", dice Zeidun al-Muheisen, director general del PRPC. "Y es el mejor freno contra las construcciones incontroladas" que se han multiplicado en los últimos años.

Esta amenaza procede, en parte, de las actividades de los bduls, beduinos que vivían en las ruinas de Petra hasta 1985. Allí cultivaban y criaban cabras, antes de ser expulsados e instalados en la aldea de Um Seyhun, junto al parque arqueológico. En su mayoría viven del turismo: alquilan caballos o venden baratijas. Pero la tribu no ha cesado de aumentar y los bduls sienten que en su nueva aldea les falta espacio.

"Había 40 familias de bduls en 1985; hoy son 350", afirma Ahmed Salamin. Los nuevos habitantes vinieron de la región de Aqaba, atraídos por el auge del turismo. Pero ellos carecen de medios para comprar tierras, que se han ido a las nubes por efecto del creciente interés turístico. Por eso, replican los bduls, se ven obligados a añadir pisos a sus casas, visibles ahora desde Petra, adonde siguen llevando a sus rebaños.

La aldea de Um Seyhun puede extenderse, pero sólo hacia el Oeste: el Este queda reservado para la reforestación, el Sur está ocupado por el sitio arqueológico y el Norte forma parte del parque natural que se está creando. Se estima que este sector, sometido a una reglamentación muy estricta, cubrirá 264 km2 para formar una vasta zona tapón en torno del sitio nabateo.

Los hoteles que han proliferado en Wadi Musa constituyen otro factor de degradación. Actualmente son unos sesenta, frente a menos de cinco de hace diez años. "El PRPC no existía cuando se otorgó la mayor parte de los permisos de construcción", deplora Ahmed Salamin. "Velaremos porque en el futuro no se construya nada que pueda menoscabar el sitio."

Por presión de los intereses turísticos y a falta de una tradición local de restauración de sitios, la conservación de los monumentos es tal vez el tema más candente. En 1993, una agencia alemana de cooperación internacional, GTZ, lanzó un ambicioso programa en colaboración con el Departamento de Antigüedades. El primer taller-escuela concluyó a fines de 1999. Después de años de trabajo, permitió fabricar un mortero natural perfectamente adaptado a la piedra de Petra.

Este hallazgo es sumamente importante pues el cemento y el hormigón armado, empleados en campañas de restauración precedentes, provocaron daños en El-Khazné y en otros sitios. La utilización de estos materiales "modernos" bloquea el agua, lo que carcome progresivamente los monumentos desde el interior.

Sugerencias para un perfecto viaje
Jordania es un lugar recomendable para el turismo. Pasar la noche en un campamento en el desierto de Wadi Rum y contemplar sus amaneceres rojos o sus noches estrelladas es ponerse en armonía con el universo. Hay que olvidarse del cansancio del viaje y no encerrarse en los hoteles. Merece la pena vagabundear por las calles sin miedo. Lo más que le puede pasar es que lo inviten a un té y le enseñen una fabulosa colección de sellos o la daga de un abuelo que luchó junto a Lawrence de Arabia. Y como el agua es un bien escaso y caro, conviene ir provisto de ella. En caso contrario, exija que abran las botellas en su presencia. No es mala idea llevar alguna bebida energética, sobre todo si pensamos caminar en las horas centrales del día.

Una visita concienzuda a Petra puede resultar agotadora, pero un calzado adecuado, un pañuelo beduino y un filtro solar pueden salvarnos el día. Además, alquilan burros para subir por las escaleras.

En Amán prueben la pipa de agua en algún café del barrio Shmesami. Como buen árabe, el jordano es políglota y amigo de la charla y de los placeres sencillos de la vida. Es probable que en nuestra primera noche nos despierte el almuédano llamando a la oración. Es el pórtico acústico que nos indica que la ciudad empieza a abandonar el sueño.

Aunque en grupo los jordanos pueden escandalizarse por ciertos atuendos femeninos, en privado tienen fama de caballerosos. No está bien visto que una mujer mire a un hombre, pero también puede ser el principio de una buena amistad.

Recomendaciones de viaje

DATOS DEL PAIS

La visa de entrada es un documento obligatorio. Aunque es conveniente tramitarla antes del viaje, también puede conseguirse en el aeropuerto de destino en Jordania.

Los viajeros que vayan a Jordania y deseen seguir viaje a otros países árabes o islámicos sin relaciones con Israel deben tener cuidado de no llevar ningún sello israelí estampado en el pasaporte, y deben procurar tener los visados de entrada.

En cuanto a vacunas, ninguna es obligatoria, pero se recomienda aplicarse una contra la malaria, por precaución.

Normas para divisas: Es necesario declarar entrada y salida de cantidades, en efectivo, equivalentes o superiores a cincuenta mil dólares norteamericanos. No existen problemas en obtener divisas. El dinar jordano equivale a $1,40 aproximadamente.

Condiciones sanitarias: la red de sanidad pública es deficiente, pero existen hospitales y clínicas privadas de buena calidad en las principales poblaciones del país. Los medicamentos, salvo casos excepcionales, son fácilmente accesibles y las farmacias suelen estar dotadas de suficiente variedad de productos.

Condiciones de seguridad: en general Jordania es un país seguro para el turista. No obstante, se consideran zonas de riesgo, y por lo tanto deben ser evitadas, las áreas fronterizas con Israel y territorios ocupados (hay labores continuas de desminado) y zonas militares (se prohíbe el uso de cámaras fotográficas). Zonas de riesgo medio (visitas con ciertas precauciones) son las áreas fronterizas, donde se recomienda ir por carreteras trazadas, y áreas económicamente menos favorecidas (incluido el centro de la capital, donde se recomienda tener cuidado con la vestimenta y la actitud general, teniendo siempre en cuenta la moral de un país musulmán).

Estar en posesión de estupefacientes o cualquier otra droga ilegal está severamente castigado y el tráfico de drogas puede estar castigado con la pena de muerte. No sacar fotografías de edificios gubernamentales.

Las embajadas de Siria e Irak en Jordania no conceden visas de entrada a su país a turistas que se encuentran en Jordania.

Alojamiento: Hay buenos hoteles. El precio de una habitación single oscila entre los 80 y 100 dinares.

Turismo: además de Petra, es recomendable visitar la ciudad de Jerasch, el valle del Jordán, el Mar Muerto, el desierto de Wadi Rum, Aqaba, Um Qais, Iraq al Amir (Palacio de Tobías), Palacio de Herodes, y en Amán, La Ciudadela y su Palacio Omeya en ruinas.

La fuente: el autor es el director periodístico de El Corresponsal.

 
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