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Fostat, una ciudad que sale del olvido
Un proyecto del Consejo Supremo de Antigüedades busca recuperar los vestigios del la primera capital del Egipto islámico, una ciudad que fue en su apogeo una de las más bellas y prestigiosas del mundo y que albergó la primera mezquita del país y de África.
Las ciudades son como los hombres, nacen, se desarrollan y después… mueren. Peor aún, son olvidadas. Pero las ciudades pueden también renacer. Esto se aplica sin duda a Fostat, la primera capital del Egipto islámico. Fue fundada en 641 por el general Amr ibn Al-Ass luego de que los árabes conquistaron Egipto. Es allí donde se construyó la primera mezquita del país y de África.

Fostat, hoy englobada en la zona urbana del Cairo, es para los musulmanes el espacio original de la ciudad. Desde su creación, se convirtió en la capital de la provincia egipcia y se extendía desde las alturas que se inclinan sobre el gran lago de Berket Al-Habach al sur, hasta las actuales zonas de Sayeda Zeinab y de Ibn Toulon al norte. Antaño ciudad resplandeciente, Fostat viene a recordar que la riqueza de la historia egipcia excede la Antigüedad y los faraones. En su apogeo, Fostat era considerada como una de las más bellas y más prestigiosas ciudades del mundo. Una ciudad espléndida, cuyas calles estaban iluminadas día y noche y sus edificios podían tener entre cinco y siete pisos, como lo describieron numerosos viajeros.

Se trata, en efecto, de una larga historia la de esta ciudad que sobrevive hasta nuestros días y que representa un embrión de lo que se convirtió luego en el Cairo. Una historia que no es para nada como otras, ya que se trata de un sitio excepcional. Pero es también el relato clásico de la negligencia o de la poca atención que se tiene a menudo de las zonas y monumentos históricos dejados a la merced tanto de una urbanización salvaje como de una explotación de promotores inmobiliarios poco preocupados por el patrimonio. Los vestigios de Fostat están bañados en la actualidad por las aguas subterráneas y las del drenaje de las zonas de urbanización salvaje en las proximidades. Fostat es hoy un inmenso campo en ruinas.

Frente a este estado de cosas surge un proyecto inmenso del Consejo Supremo de Antigüedades (CSA) que busca en un primer momento salvar los monumentos de esta primera capital del Egipto islámico de las aguas subterráneas que los amenazan. “El CSA designó un comité técnico egipcio para preparar estudios detallados sobre el sitio y el proyecto previsto. Es un gran proyecto que comprende también la restauración de las antigüedades de Fostat, el desarrollo del lugar y su rehabilitación”, explica Mohamad Mahgoub, director general de sitios arqueológicos del Viejo Cairo y de Fostat. Los estudios estarán listos en veinte meses. El proyecto será luego adjudicado a sociedades especializadas en el campo de restauración de antigüedades y de ciudades históricas.

“Evidentemente es el primer proyecto de rehabilitación de la ciudad. Fostat no fue beneficiada antes por ninguno, al menos en la época moderna. Es así que la región y los monumentos que han sido sacados a la luz sufrieron varios problemas, sobre todo por las aguas subterráneas”, destacó Moustapha Abdel-Halim, director de la zona arqueológica de Fostat. Pocos edificios de la época medieval subsisten y se hicieron allí numerosas excavaciones arqueológicas.

Fostat fue el lugar de varias campañas de excavaciones desde el comienzo del siglo XX. Arqueólogos egipcios, franceses, japoneses, norteamericanos… Los apasionados de la arqueología pueden todavía visitar las canteras de Fostat.

Las excavaciones tuvieron interesantes hallazgos. Salieron a la luz varios indicadores que permitieron conocer el plano general de la ciudad de Fostat y sus casas. Para repararse del sol, las calles eran estrechas, la mayoría de uno a tres metros de ancho, y algunas pocas llegaban a diez metros. Las casas eran de pisos, construidas en ladrillo cocido y en piedra. Los edificios se elevaban alrededor de una plaza cuadrada, con macizos de flores que rodeaban la fuente central. Un cuidado particular estaba dedicado al curso del agua: cisternas, conductos de agua, canales de escurrimiento, de descarga y de alcantarillas.

Se pueden ver, entre otras cosas, los vestigios y los cimientos de una red de alimentación de agua, muy sofisticada para la época. Algunos objetos interesantes y artesanías provenientes de Fostat se conservan en el depósito del Museo Islámico y en los depósitos de las misiones arqueológicas que hacen las excavaciones. También se encontraron molinos de granos y de aceite. “Es un lugar muy importante donde se efectúan investigaciones y distintos trabajos de búsqueda. Aquí, se encuentra realmente el origen del Islam en Egipto. Es naturalmente también un sitio que conoció períodos muy importantes. Continuamente se hacen excavaciones en el lugar”, explica Moustapha Abdel-Halim.

Fostat fue también el lugar de producción de los primeros objetos de loza. Piezas de cerámica andaluzas así como vestigios de hornos donde las fabricaban fueron descubiertos en Fostat. Estas cerámicas se encuentran ahora en los depósitos del Museo del Arte Islámico (que se está formando). También se ha descubierto cerámica china. La mayoría de las encontradas data de la época fatimida. Existen también huellas omeyas y mamelucas.

El más grande edificio que muestra la riqueza pasada de Fostat es la mezquita Amr ibn Al-Ass, construida en 641. Su forma actual data de 1798, luego de varias reconstrucciones. El interior es de una gran belleza con sus hileras de innumerables columnas blancas. Otro edificio también bien conservado de la antigua Fostat es el Nilómetro, construido por pedido del califa abasida Al-Motawakel en 861. Restaurado varias veces, permitía medir el nivel del Nilo y no perdió su utilidad hasta la construcción de la gran represa de Asuán.

“La parte preliminar del proyecto ya está acabada. Consiste en la restauración de los monumentos que subsisten en Fostat como la mezquita Amr ibn Al-Ass y el Nilómetro. Además el museo de la civilización (NMEC) está también en curso de construcción. La primera parte de este museo ejecutada bajo la égida de la Unesco acaba de terminar”, indica Mahgoub. Se trata de un gran proyecto que se encuentra en medio del barrio histórico de Fostat y que tiene por objetivo presentar la civilización egipcia en toda su extensión, su riqueza y su diversidad a través de los años, desde la prehistoria hasta nuestros días. Primer museo de este tipo y esta envergadura en el mundo árabe, conservará una colección extraordinaria de objetos provenientes de colecciones nacionales egipcias. El sitio de Fostat ofrece espacios muy importantes y un acceso muy cómodo. El edificio del NMEC está situado en un parque al borde del lago Ain Al-Sira, parte integrante del museo. Estará rodeado de un paseo arqueológico, de un jardín arqueo-botánico y de un auditorio a cielo abierto. “Por su historia y su entorno, este lugar es excelente para que se construya un museo de la civilización. De allí, el visitante podrá observar la Ciudadela, las pirámides, Saqqara... casi todas las antiguas civilizaciones de Egipto”, explica Mohamad Mahgoub.

El organismo de desarrollo turístico ejecuta también otros proyectos en la región de carácter arqueológico, religioso y social como el proyecto de desarrollo de la región de Mogammaa al-adiane (el complejo de las religiones), la construcción del mercado turístico de Souk Al-Fostat y el pueblo de la alfarería. Todos estos proyectos tiene por objetivo no solo el desarrollo turístico de la región, sino también la evolución ecológica, urbana y social.

Las primeras conquistas musulmanas

Fostat fue un importantísimo centro comercial, que llegó a eclipsar a Bagdad y tuvo, en el siglo XII, una población de aproximadamente 200.000 habitantes. Era el centro del poder administrativo de Egipto y se convirtió en una ciudad cosmopolita, donde se mezclaban árabes, egipcios, griegos, coptos y judíos.

La verdadera historia de El Cairo comienza con la conquista de Egipto por Amr ibn Al-Ass en 640. Fostat, también llamada Fustat, Misr Al-Fustat y Fustat-Misr, es la primera capital del Egipto islámico. Durante su primer siglo en el seno del califato, Fostat se transformó en una verdadera ciudad. Casas de pisos, mezquitas suntuosas y una plétora de mercaderes fueron testimonio de la riqueza de esta gran ciudad que llegó inclusive, en su momento de esplendor, hasta eclipsar a Bagdad.

En 639, Amr ibn Al-Ass, comandante de los ejércitos del califa de los musulmanes Omar ibn Al-Khattab, venció a los bizantinos de Misr. Uno de los primeros generales musulmanes importantes que había visitado Alejandría en su juventud, Amr, no olvidó nunca los edificios públicos, las calles animadas y la riqueza fulgurante de la capital egipcia. Él venció la fortaleza de Babilonia. Instaló su campo en un lugar donde la montaña se acerca mucho al río, por lo tanto un sitio estratégico. Una vez vencida la fortaleza bizantina, una facción de musulmanes partió a la conquista de la capital bizantina, Alejandría, y volvió a ocupar el sitio de lo será desde ese momento Fostat. En la proximidad de la antigua fortaleza de Babilonia, sobre la margen oriental del Nilo, Fostat ocupaba alrededor de 600 a 800 hectáreas. El sitio de Fostat permitía controlar el delta ya que está situado en el punto del pasaje más cómodo para atravesar el río, en el punto de unión entre el Alto y el Bajo Egipto.

Se cuenta que en el momento de levantar el campamento para marchar sobre Alejandría, como dos palomas habían hecho nido sobre su carpa, Amr decide dejarla en pie hasta su regreso. La carpa del comandante se convierte pronto en el centro de una verdadera ciudad floreciente. Esto nos explica por qué la capital de esta provincia musulmana tomó del nombre de Fostat (la carpa). En este lugar se desarrolló a continuación la ciudad de Al-Fostat. Sobre el mismo espacio en el que Amr puso su carpa durante el sitio, una mezquita fue edificada: la primera erigida en Egipto y en África. Los muros del edificio original estaban hechos de ladrillos y el techo, compuesto por troncos de palmeras, sostenido también por troncos de palmeras a la manera de columnas, estaba cubierto de tierra y hojas. El suelo era de piedras. Nada de este primer edificio sobrevivió, luego de las numerosas renovaciones que sufrió la mezquita. Se trataba de una construcción muy simple que tenía treinta codos de ancho y cincuenta de largo, es decir diecisiete por veintinueve metros. La mezquita conoció momentos de ruina y destrucción y fue renovada, reconstruida y ampliada varias veces. Los libros de historia registraron todas las modificaciones y transformaciones sucesivas que la mezquita vivió desde su fundación hasta nuestros días.

Fostat era en los tiempos de las dinastías omeya (661-750) y abasida (750-1050) un campo fortificado. La ciudad conoció su apogeo en el siglo XII con una población de aproximadamente 200.000 habitantes. Era el centro del poder administrativo de Egipto y se convirtió en una ciudad cosmopolita, donde se mezclaban árabes, egipcios, griegos, coptos y judíos.

La ciudad se transformó en el centro del comercio marítimo exterior debido a su emplazamiento sobre el Nilo, entre el Bajo y el Alto Egipto, y su acceso a los puertos del norte del país y a las ciudades del sur del Alto Egipto por el Nilo. En el curso del período fatimida, su papel creció en importancia debido al lazo que la unía al Cairo, cuartel general de los califas fatimidas. Al-Fostat se convirtió en el principal centro de transporte marítimo y un puerto en el que transitaban los mercaderes que venían de China, India, Yemen y Europa. Al-Maqrizi afirma que los precios que había allí eran inferiores a los del Cairo. Además, se establecieron comercios sobre las riberas de Al-Fostat y los mercaderes descargaban directamente frente a la puerta de los negocios. Hay que tener en cuenta que era imposible transportar las mercaderías con animales ya que la ciudad estaba verdaderamente superpoblada. Durante una visita a Al-Fostat, el viajero Al-Maqdissi estaba sorprendido de ver el número de navíos y barcos amarrados en el puerto. Por su parte, el viajero Ibn Said, afirma: “No miento cuando digo que lo que vi en las riberas de Al-Fostat, no lo he visto en ningún otro lugar”.

Cuando las naves cargadas de diferentes tipos de granos llegaban, los transportistas llevaban cargas enormes a zonas de almacenamiento situadas en distintos lugares cercanos al Cairo. Ahmad ibn Toulon hizo también construir un arsenal cerca de Al-Fostat. Además, se construyó un establecimiento para el armado de naves y barcos. Se cuenta que este lugar estuvo durante los períodos fatimida, ayubida y mameluco. Según algunas fuentes históricas, esta ciudad era el centro de producción de la flota que Saladino utilizó en el Mediterráneo para luchar contra los cruzados.

A pesar de las fundaciones de nuevas capitales más al norte (Al-Askar, Al-Qataie y el Cairo), Fostat no fue abandonada. Detrás de sus muros, prosperó durante mucho tiempo una comunidad de comerciantes.

Pero los buenos días de Fostat ya estaban contados. Arrasada por un incendio en 750, fue reconstruida más grande y más bella que nunca. En el momento de la construcción del Cairo (969-973), era aún una ciudad considerable de 250.000 habitantes. Durante la invasión de Egipto por Amaury I de Jerusalén, la ciudad fue devastada otra vez por las llamas en 1168 por su propio vizir, Chawer, que quería impedir que los cruzados robaran las riquezas. Esta vez solo se rehizo el barrio del puerto. Lo que sobrevivió de la ciudad fue entonces incorporado al vecino Cairo. Entre los siglos XIII y XV, los mamelucos hicieron del lugar un simple ámbito de descarga de mercadería, aunque una población de algunos miles de habitantes seguía viviendo allí del comercio de vasijas.

La fuente:  Al-Ahram Hebdo. Semanario egipcio (10.000 ejemplares) del grupo Al Ahram destinado a los francófonos. La traducción del francés pertenece a María Masquelet para elcorresponsal.com.
 
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