El ejército juega un rol crítico en el cumplimiento de un acuerdo (de retirada del territorio y evacuación de colonos), pero también en asegurar una garantizada estabilidad después de que el acuerdo sea alcanzado. El problema es que la IDF de 1993 no es la IDF del 2010. Esto es lo que ha ocurrido aquí en los cursos de oficiales para los cuerpos de infantería, la punta de lanza de las unidades de combate durante ese período: en 1990, el 2 por ciento de los cadetes reclutados en los cursos eran religiosos; en el 2007, esa cifra se incrementó al 30 por ciento. Y este es el aspecto que hoy muestra la generación intermedia de oficiales de combate: seis de cada siete tenientes coroneles de la Brigada Golani son religiosos, y en los inicios del verano lo será también el comandante de la brigada. En la Brigada Kfir tres de cada siete tenientes coroneles usan solideos (kipás) y en la Brigada Givati y los paracaidistas, dos de cada seis. En algunas de las brigadas de infantería, el número de comandantes de compañía religiosos ha superado la marca del 50 por ciento, más de tres veces el porcentaje que registra la comunidad religiosa nacional del total de la población.
Esta es una generación de comandantes comprometidos con su tarea, la IDF y el Estado. Simplemente ocurre que tiene raíces en áreas distintas de las que tenían las anteriores generaciones. Si uno mira en las listas de oficiales comandantes de las compañías de hace 20 años, puede notar un considerable número de combatientes que procedían de la zona del gran Tel Aviv y de la planicie costera. Esto es, por supuesto, una generalización que injustamente pasa por alto las excepciones, pero la cantidad de tales soldados que provienen de esos lugares es en la actualidad insignificante. Hace unos pocos años, un comandante del batallón Golani encontró que solamente uno de sus soldados era un residente de Tel Aviv. Actualmente, con una diferente aptitud, una cantidad de residentes de Tel Aviv prestan servicio con él -pero todos ellos viven al "sur de la línea del Delfinario", es decir, los barrios de la ciudad de bajos ingresos.
En lo referente a elementos humanos, han sido puestos en movimiento procesos de largo plazo.
La decisión tomada por izquierdistas y miembros de los kibutzim de abandonar la Base de Entrenamiento 1 (donde tenían lugar los cursos de oficiales), como consecuencia de la primera guerra del Líbano y la primera intifada, puede ser advertida actualmente entre los brigadieres generales, que están golpeando las puertas del Estado Mayor del ejército en el 2010. Muchos se quejan de cuán descolorida se ve en la actualidad la plana mayor del ejército, algo que puede ser parcialmente explicado por el hecho de que en la mitad de los años 80 muchos reclutas, con posibilidades ciertas, desecharon su traspaso a los cursos de oficiales.
Es un secreto a voces que en la IDF un cierto sector de la población está distribuida, en la mayoría de los casos, entre la Unidad 8200 de la Inteligencia Militar, el curso de pilotos, las unidades de reconocimiento y a veces -con toda la diferencia del mundo- aquellos que consiguen una excepción psiquiátrica del servicio. Esta gente raramente irá a Golani o a Kfir. El abandono de las unidades de combate de infantería va a ser también un hecho perceptible en el Estado Mayor del ejército, en los próximos 15 años.
La IDF ha cometido errores en los territorios y continúa cometiéndolos, especialmente con la silenciosa ayuda que le ha dado a los puestos de avanzada durante años. Pero describirlas como un ejército de tropas de ocupación es una tontería y no se ajusta a la verdad. La izquierda secular se quedó dormida en su labor. Los rangos vacantes que dejó a su paso han sido llenados por otros. Incluso aquellos que creen que no hay otra elección que una evacuación masiva de los asentamientos deberían saber que esto será extremadamente difícil de concretar, después de la retirada de Gush Katif.
En el 2005, la evacuación fue llevada a cabo porque Sharon no parpadeó una pestaña y los militares actuaron adecuadamente. Los comandantes de batallones, en general, obedecerán también las órdenes la próxima vez, pero es difícil saber cómo responderán al llamado de sacar a judíos de sus hogares los comandantes de compañías, que proceden de los asentamientos de Tapuah y Kedumim. No resulta sorprendente que los más altos rangos de la plana mayor de la IDF estén tan temerosos de tal escenario.
Cuando llegue el momento de la retirada, quizás el Estado pueda decidir redistribuir temporalmente tropas regulares a la Policía Fronteriza. Resulta dudoso si para esa tarea será posible contar una vez más con la IDF.





