Lo que los palestinos necesitan para creer en el proceso de paz
Fecha Sábado, 19 marzo de 2005
Tema Política


La seguridad de los israelíes no puede divorciarse razonablemente de la de los civiles palestinos, cuya seguridad colectiva ha sido hecha añicos por 38 años de ocupación israelí. Israel no puede exigir una lista aparentemente interminable de concesiones de seguridad a los palestinos al tiempo que ignora los asuntos centrales del conflicto: la ocupación. Israel no se enfrenta hoy a una amenaza existencial y el gobierno de Sharon no tiene excusas. A lo que ahora se enfrenta es a la simple cuestión de si tiene o no la voluntad de ser un buen vecino en Medio Oriente, o si privilegia lo que le pertenece a otro pueblo por encima de la paz y de la seguridad. Escribe Mustafá Barghouti.

Lo que los palestinos necesitan para creer en el proceso de paz

 La seguridad de los israelíes no puede divorciarse razonablemente de la de los civiles palestinos, cuya seguridad colectiva ha sido hecha añicos por 38 años de ocupación israelí. Israel no puede exigir una lista aparentemente interminable de concesiones de seguridad a los palestinos al tiempo que ignora los asuntos centrales del conflicto: la ocupación. Israel no se enfrenta hoy a una amenaza existencial y el gobierno de Sharon no tiene excusas. A lo que ahora se enfrenta es a la simple cuestión de si tiene o no la voluntad de ser un buen vecino en Medio Oriente, o si privilegia lo que le pertenece a otro pueblo por encima de la paz y de la seguridad.

Por Mustafá Barghouti

Desde que fue declarado el alto el fuego el 8 de febrero en Sharm el-Sheikh, el pueblo palestino ha demostrado su deseo de acabar con el derramamiento de sangre con Israel. Hemos reconocido que la seguridad de civiles palestinos e israelíes es una preocupación legítima. Además, las recientes elecciones en Palestina han demostrado al mundo que el pueblo palestino está comprometido con la democracia y es completamente capaz de gobernar su propio estado independiente.

Pero permítannos ser claros: La seguridad de los israelíes no puede divorciarse razonablemente de la de los civiles palestinos, cuya seguridad colectiva ha sido hecha añicos por 38 años de ocupación israelí. La paz es para tener una oportunidad verdadera a la que agarrarse, Israel no puede exigir una lista aparentemente interminable de concesiones de seguridad a los palestinos al tiempo que ignora los asuntos centrales del conflicto.

La ocupación ha impuesto irresistibles restricciones sobre millones de vidas durante casi cuatro décadas. Ha desfigurado gravemente, si no destruido, cientos de miles de familias palestinas, vecindarios y medios de vida. Incluso durante los años de Oslo, los colonos duplicaron sobradamente su población y han intensificado ampliamente el estrangulamiento sobre el territorio palestino, el agua y la libertad de movimientos; un estrangulamiento que el muro de separación que está siendo construido por Israel atrinchera más todavía.

Como en un túnel, el enfoque de Israel de la seguridad a expensas de los asuntos centrales ha probado repetidas veces ser una receta para el fracaso y el desastre. Ello arrincona a la Autoridad Palestina forzándola a convertirse en un subcontratista de seguridad para la ocupación; un estado policial contra su propio pueblo. Esta situación no solamente es indefendible, inestable y peligrosa tanto para palestinos como para israelíes, sino que también es contraria a la democracia y a la justicia.

Hay una clara mayoría en la sociedad palestina, así como en la mayor parte del mundo y se espera que en Israel, observando que un mínimo de justicia para los palestinos aparezca: un estado palestino completamente soberano con Jerusalén Este como su capital, la Línea Verde como su frontera, el desmantelamiento de los asentamientos y del muro de separación y una solución práctica al problema de los refugiados. Sencillamente, el apoyo palestino al proceso de paz dependerá de la percepción de una oportunidad para que esta visión sea puesta en práctica dentro de un marco razonable de tiempo.

Las palabras del primer ministro Sharon en la cumbre de Sharm el-Sheikh, desafortunadamente, dan pocas razones para el optimismo. No dijo nada que contradijera su plan para anexionarse grandes trozos de Cisjordania al trazar el muro de separación más allá de la Línea Verde (frontera de 1967). Y no mencionó siquiera la continúa expansión de los asentamientos en tierras palestinas. ¿No se da cuenta Sharon de que estas acciones son una grave amenaza para el proceso de paz?

Fuentes israelíes han admitido ante la terrible evidencia que el trazado del muro no obedece a cuestiones de seguridad, sino más bien a una imposición unilateral de fronteras que expropie tantas tierras palestinas como sea posible antes de que las negociaciones sobre aspectos del status final puedan empezar. ¿No se da cuenta Sharon de que esto es una fragante violación de la Hoja de Ruta y del derecho internacional?

El proceso de paz justo acaba de empezar y ya ha sido deformado peligrosamente. Los palestinos están cumpliendo completamente sus obligaciones, mientras que Israel ha aceptado solamente unas cuantas concesiones simbólicas y continúan con la aplicación de planes que son diametralmente antitéticos a la paz y a la justicia.

Sharon sabe que debe elegir entre el muro de separación y un estado palestino viable. Continuar construyendo el muro durante esta frágil ventana a la oportunidad es un voto devastador a la no-confianza en la posibilidad de una coexistencia pacífica. Es inconcebible que su táctica de hablar de paz mientras obvia a la justicia sea permitida que siga mucho más adelante sin consecuencias.

Si lo que para Sharon significa el "fin de la ocupación" es la finalización de todo el muro de separación y el trinchamiento de Cisjordania en áreas discontinuas a las que neciamente llamar "Estado Palestino", un fin semejante será únicamente el inicio de una nueva generación de conflictos devastadores que fácilmente cocerán una guerra regional.

Tres señales preliminares deben ser dadas como prueba de que Israel está verdaderamente interesado en la paz, y es necesario dar a los palestinos la esperanza y la confianza que necesitan para apoyar el proceso y acabar con la violencia a todos los niveles. Primero, la aceptación formal de Israel de un compromiso con la Hoja de Ruta -lo cual significa, como mínimo, una congelación de la construcción de asentamientos y el desmantelamiento de todos los puestos avanzados ilegales. Segundo, la congelación de la construcción del muro de Separación en anticipación al día en que Israel se amolde al dictamen del Tribunal Internacional de Justicia desmantelando completamente el muro, y compensando a todas las víctimas. Y tercero, un inmediato compromiso con las negociaciones para el status final, incluyendo el status de Jerusalén Este, las fronteras finales del estado palestino y una solución para los refugiados.

Israel no se enfrenta hoy a una amenaza existencial y su contraparte de la Mukata no es fácilmente demonizable. El gobierno de Sharon no tiene excusas. A lo que ahora se enfrenta es a la simple cuestión de si tiene o no la voluntad de ser un buen vecino en Medio Oriente, o si privilegia lo que le pertenece a otro pueblo por encima de la paz y de la seguridad.

Por el bien tanto del pueblo israelí como del palestino, es imperativo que la comunidad internacional no permita que esta preciada ventana de oportunidad vaya a la basura. La mejor manera de escapar del callejón sin salida de otro mendaz tratado interino destinado a desembocar en otra crisis devastadora es una conferencia internacional de paz como resultado de una resolución basada en el derecho internacional.

Considerando esta propuesta, es importante recordar que el pueblo palestino no está negociando por concesiones ni dadivas, sino más bien por la mínima justicia que le ha sido negada durante 57 catastróficos años de guerra, desposesión y ocupación. Solamente estamos pidiendo vivir en paz y libertad en el 23% de la Palestina histórica.

La fuente: El Dr. Mustafá Barghouti, candidato a la presidencia de la Autoridad Palestina en las elecciones de enero, fue delegado en las conversaciones de paz de Madrid en 1991. La traducción de este artículo pertenece a Carlos Sanchis para elcorresponsal.com






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