Los líderes israelíes han quedado maniatados a la extrema derecha
Fecha Viernes, 26 noviembre de 2010
Tema Opinión/Ideas


El gobierno de Benjamín Netanyahu unificó fuerzas con el ala más derechista que el Parlamento haya visto jamás en la historia del Estado, con el propósito de maniatar los movimientos del liderazgo político en el proceso de paz.

Por años, los círculos derechistas han tratado de desbaratar medidas diplomáticas tomadas por gobiernos israelíes proyectando leyes que, entre otras cosas, avalen concesiones territoriales mediante una absoluta mayoría de la Knesset o un referéndum. El lunes, el gobierno unificó fuerzas con el ala más derechista que el Parlamento haya visto jamás en la historia del Estado, con el propósito de maniatar los movimientos del liderazgo político en el proceso de paz.

Los ministros del Partido Laborista, que estuvieron ausentes cuando la votación fue llevada a cabo, junto con el ministro Shalom Simhon, que respaldó la ley, dieron lugar, en efecto, a un serio desenlace. En ese momento, cuando los corazones de muchos ciudadanos israelíes, así como los de aquellos mejores amigos del Estado de todo el mundo, están repletos de dudas respecto del grado de compromiso que tiene el primer ministro Benjamin Netanyahu con la solución de dos Estados, su despacho se ha convertido en un sitio de presión en apoyo de una ley formulada por el ala más dura de su partido.

Los partidarios de la ley afirman que un referéndum es un elemento democrático legítimo utilizado por muchos países avanzados a fin de involucrar a la ciudadanía en decisiones importantes. En realidad, la inmensa mayoría de los temas del referéndum tiene que ver con los problemas nacionales. En nuestro caso, se le está dando a la gente el poder del veto sobre decisiones cruciales de política exterior y cuestiones de seguridad. Estas decisiones están destinadas a afectar los destinos de mucha gente que vive bajo la ocupación israelí. Cualquier persona razonable sabe que repartir de nuevo la soberanía en Jerusalén es una condición necesaria para un acuerdo de paz con los palestinos.

La nueva ley es otro acto de expectoración directa a la cara de la comunidad internacional. Echa una gran sombra sobre las obligaciones de Israel respecto de las resoluciones de las Naciones Unidas, e incluso con acuerdos internacionales que el Estado ha firmado. Como todos los actos de diplomacia con los países árabes vecinos, las negociaciones con los palestinos están basadas en las resoluciones 242 y 338 de las Naciones Unidas que exigen la retirada israelí de los territorios conquistados en 1967.

Hasta el día de hoy, ningún país ha reconocido las decisiones unilaterales de Israel de imponer su ley y la autoridad administrativa sobre tierras anexadas al Oeste de Jerusalén, así como los territorios de las Alturas del Golán. Solo queda esperar que la nueva ley enfrente la prueba del examen legal y público, y sea borrada del cuerpo legal del país.

Editorial de Haaretz (Tel Aviv, Israel). La traducción del inglés pertenece a Israel Laubstein. para Convergencia



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