Egipto no se merece este golpe
Fecha Viernes, 05 julio de 2013
Tema Opinión/Ideas




El Egipto que yo conozco, es el que ven todos los turistas cuando visitan las pirámides, una visión cada vez más escasa, dado el panorama que desde hace meses se cierne sobre la tierra de los faraones. Ayer, a ese país, machacado por los desórdenes y la intolerancia religiosa de quienes quieren que el Islam sea el eje de la vida cotidiana, le acaban de asestar, vía golpe de estado, una puñalada trapera en nombre de la democracia tal y como la concebimos los occidentales que para esas cosas somos “los expertos” en impartir doctrina y otorgar “licencias” para detener a disidentes incómodos.

Egipto está geográficamente donde está, y a las potencias occidentales no les conviene que en la parte baja del Estado israelí crezca una república islamista, capaz de hacerle con el Irán de los ayatollahs un bocadillo estratégico al gobierno sionista de Jerusalén, y mucho menos, controlar el canal de Suez por donde viajan miles de toneladas de crudo y naves de guerra en caso de conflicto. Si a eso le añadimos que la llamada “guerra del agua” ha puesto nerviosos a los militares egipcios que ven como, desde la sedienta Eritrea, les pueden dejar el caudal del Nilo bajo mínimos y con él su tradicional fuente de riqueza, pues ya tenemos gran parte de los ingredientes que han convertido a El Cairo en una bomba con muchos megatones de potencia.

Bendecir un golpe de Estado dado por militares porque conviene a intereses muy conservadores, no es una medida muy inteligente, como tampoco lo ha sido la del presidente depuesto Mohamed Mursi de “fabricarse” e imponer una Constitución con ribetes religiosos que ha hecho estallar la tensión acumulada por los egipcios, y sobre todo por las egipcias, tras las elecciones ganadas legalmente por los hermanos musulmanes hace tan solo un año. Pero que eso sirva como excusa para revertir un mandato democrático con el solo poder de los tanques y los aviones, es algo totalmente inadmisible para quienes pensamos que nuestra libertad comienza donde termina la de quienes no piensan igual que nosotros.

Y como en todas las historias de todos los pueblos del mundo siempre aparece la figura del traidor pues aquí en el Egipto del siglo XXI tampoco podía faltar. Hagamos memoria y recordemos a Salvador Allende y cómo se portó con el sangriento general Pinochet, o a la vieja segunda república española cómo confió hasta el último minuto en la lealtad del general Franco y como se equivocó fatalmente. Ahora la historia se repite. Si cuando el presidente Mursi nombró jefe de su ejército al general Al Sisi hubiera sabido que este lo iba a destituir y traicionar al cabo de unos meses, seguramente habría puesto en su lugar al imán de la mezquita de El Cairo, que, al menos, le serviría de tapón ante unos militares que por vivir como señores feudales solo se mueven en defensa de sus intereses personales cuando temen perder sus privilegios. Y es precisamente ese error el que este fervoroso islamista no se va a perdonar a si mismo mientras viva, si es que lo dejan vivir quienes ahora toman el poder.



Manuel Fernández Gonzáles es director y editor de las páginas Catalunya Press y Press digital.



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